El Papel del Urbanista

La planificación de los sistemas urbanos es, esencialmente un trabajo en equipo multidisciplinar, que involucra a diferentes profesionales y partícipes en un proceso complejo. Estos compromisos pretenden identificar la especificidad de la disciplina de planificación que distingue a los urbanistas de las demás partes involucradas y, al mismo tiempo, clarificar los puntos fuertes potenciales de la profesión, reforzando la autoconfianza, la cohesión y la solidaridad entre los urbanistas.

El papel del urbanista evoluciona siguiendo el desarrollo de la sociedad y el de las leyes y políticas de planificación. Éstas varían según los diferentes marcos políticos y sociales de cada país o ciudad, donde los urbanistas actúan como visionarios, tecnócratas, gestores, consejeros, mentores, o instructores. Comparada con otras disciplinas, la diferencia distintiva es que los urbanistas deben incidir, principalmente, en los intereses de la sociedad como conjunto, el asentamiento o región como entidad y el futuro a largo plazo.

Los urbanistas analizan, proyectan, ponen en marcha y supervisan estrategias de desarrollo, políticas de apoyo, programas y proyectos importantes y -como otras disciplinas- también contribuyen a la formación de profesionales e investigan para relacionar de forma continuada la educación con los requisitos del presente y del futuro cercano. Los urbanistas se comprometen activamente en las diversas fases y escalas del proceso de planificación, aunque no pueden estar igualmente involucrados al mismo tiempo en todas ellas.

Está ampliamente reconocido que planificar no es solamente preparar un plan sino, más bien, un proceso político que pretende un equilibrio entre todos los diferentes intereses ‑públicos y privados- para resolver demandas contrapuestas sobre el espacio y los programas de desarrollo. Esto destaca la importancia del papel del planificador como mediador. Ahora y en el futuro, la mediación y la habilidad negociadora de los urbanistas serán cada vez más importantes.

El papel del proyectista será, por consiguiente, más exigente que en el pasado. Exigirá más habilidades de diseño, de síntesis, de gestión y administración para apoyar y orientar el proceso de planificación pública durante todas sus fases: También exigirá un planteamiento científico, el logro de un consenso social que reconozca las diferencias individuales, así como decisiones políticas que conduzcan a la aplicación, gestión, supervisión y revisión de los planes y programas.

Estos complejos y desafiantes papeles requieren unos compromisos particulares de los urbanistas comprometidos como consejeros políticos, diseñadores, gestores urbanos y científicos en el siglo XXI.

El urbanista como científico, se compromete a:

  • Analizar los factores y tendencias existentes, considerando el contexto geográfico más amplio e incidiendo en las necesidades a largo plazo, a fin de proporcionar la información completa, clara y exacta para los tomadores de decisiones, agentes interesados y público en general.

  • Acceder a los datos disponibles teniendo en cuenta los indicadores nacionales y adoptar medios interactivos de manifestación para facilitar el debate público y la comprensión general de las soluciones propuestas y de los procesos de toma de decisiones.

  • Mantener un adecuado conocimiento de la filosofía, la teoría, la investigación y la práctica de la planificación contemporáneas, que incluya el desarrollo profesional continuo.

  • Contribuir a la formación y educación, apoyando y evaluando el desarrollo de la profesión de la planificación en todo el Perú, relacionando la teoría con la práctica.

  • Estimular la crítica saludable y constructiva sobre la teoría y la práctica de la planificación y compartir los resultados de la experiencia e investigación para contribuir al conjunto de conocimientos y competencia urbanísticos en desarrollo.

El urbanista como diseñador y como visionario, se compromete a:

  • Pensar en todas las dimensiones, equilibrando las estrategias locales y regionales dentro de las tendencias mundiales ("Pensar globalmente, actuar localmente”).

  • Ampliar las opciones y oportunidades para todos, reconociendo una especial responsabilidad hacia las necesidades de los grupos y personas más desfavorecidos.

  • Esforzarse en proteger la integridad del medio ambiente natural, la excelencia del diseño urbanístico y procurar conservar el patrimonio del entorno constructivo para las generaciones futuras.

  • Elaborar soluciones potenciales alternativas para problemas y retos específicos, midiendo la capacidad del transporte y sus impactos, mejorando las identidades locales, y contribuir a sus programas de aplicación y estudios de viabilidad.

  • Desarrollar y elaborar visiones de desarrollo espacial que muestren oportunidades para el desarrollo futuro de ciudades o regiones.

  • Identificar la óptima ubicación de un plan o proyecto espacial dentro de las redes (inter) nacionales de ciudades y regiones pertinentes.

  • Convencer a todas las partes involucradas a compartir una visión común y a largo plazo para su ciudad o región, más allá de sus intereses y objetivos individuales.

El urbanista como consejero político y mediador, se compromete a:

  • Respetar los principios de solidaridad, subsidiariedad y equidad en la toma de decisiones, en las soluciones planificadas y en su aplicación.

  • Apoyar a las autoridades informándoles de propuestas, objetivos, metas, impactos, problemas y proporcionarles planes y soluciones destinadas a mejorar el bienestar público.

  • Sugerir y elaborar herramientas legislativas que garanticen la eficiencia y la justicia social en las políticas espaciales.

  • Facilitar una verdadera participación e implicación pública entre las autoridades locales, tomadores de decisiones, agentes económicos y ciudadanos para coordinar los desarrollos y garantizar la continuidad y la cohesión espacial.

  • Colaborar y coordinar a todas las partes involucradas para hallar un consenso o resolver conflictos mediante decisiones claras preparadas por las autoridades pertinentes.

  • Esforzarse en un alto nivel de comunicación para garantizar el conocimiento y entendimiento en los futuros usuarios.

El urbanista como gestor urbano, se compromete a:

  • Adoptar estilos de dirección estratégica en los procesos de desarrollo espacial en vez de realizar solamente una planificación para atender los requisitos administrativos burocráticos.

  • Lograr la eficiencia y efectividad de las propuestas adoptadas, teniendo en cuenta la viabilidad económica y los aspectos medioambientales y sociales de la sostenibilidad.

  • Tener en cuenta los principios del urbanismo y los fines y objetivos de la perspectiva de desarrollo espacial  y otros documentos de política de planificación –para adaptar las propuestas locales y regionales a las estrategias y políticas.

  • Coordinar los diferentes niveles territoriales y los diferentes sectores para garantizar la colaboración, la implicación y el apoyo de todos los organismos administrativos y autoridades territoriales.

  • Estimular las asociaciones entre los sectores público y privado para aumentar las inversiones, crear empleo y conseguir la cohesión social.

  • Emplear eficientemente los recursos económicos estimulando la participación de las autoridades locales y regionales en programas y proyectos espaciales cofinanciados por el Estado.

  • Supervisar la planificación para ajustar los resultados imprevistos, proponer soluciones o acciones y garantizar un lazo de realimentación continua entre la política de la planificación y la aplicación.

El Urbanista en el Perú

Cuentan los cronistas, que la ciudad del Cuzco tenía la forma de un Puma delineado, la plaza central sería el pecho, la fortaleza de Sacsayhuamán la cabeza y hasta hoy se mantienen nombres de calles como: Pumakurko que representa la "espina dorsal del Puma"; el distrito de Pumaqchupan o la "Cola del Puma". Este trabajo de planificación tan complejo, es pues producto profesional de los urbanistas.

Más aún, Pachacútec, el gran Urbanista a quien se le atribuye esta planificación, hizo coincidir los límites de los cuatro suyos o regiones del imperio en la plaza principal. Sus calles rectas estuvieron muy bien pavimentadas, tenían canaletas por cuyos cauces corría agua limpia para el consumo de la población, las paredes en el centro de la ciudad eran de piedra tallada sin muchas puertas ni ventanas para mantener la temperatura, logrando constituir una ciudad organizada y funcional.

Pero si bien los Wari y posteriormente los Incas fueron grandes urbanistas, no se puede negar que en la Ciudad de Caral, con más de 5,000 años de antigüedad, es donde los primeros urbanistas aplicaron sus conocimientos sobre organización socioeconómica y manejo del territorio, logrando adelantarse de esta forma a muchas civilizaciones de su época. Marcando así el precedente mas antiguo de la practica del urbanismo en el Perú.

Sin embargo, no es sino hasta 1951 cuando el Urbanismo deja de ser una practica empírica en el Perú y adquiere el nivel de especialización profesional con la creación del Instituto de Urbanismo de la Escuela Nacional de Ingenieros, donde se impartía un curso que daba derecho a la obtención del Título de Urbanista.

En 1961 el Instituto de Urbanismo se convirtió en el Instituto de Planeamiento de Lima (IPL), y gracias a un convenio con la Organización de Estados Americanos se implementó el Programa Interamericano de Planeamiento Urbano y Regional (PIAPUR). Este programa confería el grado de Magíster en Planificación Urbana y Regional y se impartió hasta 1967.

A partir de 1968 y hasta 1973, como producto de un nuevo convenio con la OEA el IPL ofreció un curso de Segunda Especialización en Urbanismo y otro de Maestría en Planificación Urbana y Regional. Desde 1973 el IPL-UNI dictó el curso de Planificación Urbana y Regional, hasta diciembre de 1983, cuando la nueva ley universitaria generó que los cursos que se dictaban en el IPL, pasaron a formar parte de los Postgrados de la UNI.

Es en la década del 80 cuando la profesión de urbanismo adquiere mayor participación dentro de las ofertas de especialización en la universidad peruana, sin embargo una muy considerable demanda generó la profesionalización en el extranjero en esta disciplina. Fue recién en 1986 cuando la profesión de urbanismo adquiriere verdadera independencia con la creación de la Escuela Profesional de Urbanismo de la Universidad Nacional Federico Villarreal.

Hoy la Universidad Señor de Sipán se suma al esfuerzo de formar urbanistas en el Perú, creando su propia escuela de urbanismo. Asimismo, otras universidad tanto en Lima como en provincia están gestando nuevos programas de urbanismo. Es así, que cerca de sesenta años de trayectoria de la profesión de urbanismo en el Perú han permitido consolidar hoy un cuerpo de urbanistas que supera los 650 profesionales, especializados en la planificación, diseño y gestión de los sistemas urbanos y regionales. Los mismos que vienen contribuyendo desde el sector público y privado al desarrollo de nuestras ciudades.
 

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