La Ciudad y sus Desafíos post pandemia del Covid-19.

Autor: Luis Díaz

LAS CIUDADES EPICENTRO DE LA PANDEMIA

Las pandemias, a lo largo de la historia, tuvieron efectos en las sociedades y afectaron en la transformación de las ciudades. La peste negra en el siglo XIV alteró el carácter de los espacios urbanos. El cólera transformó las urbes en el siglo XIX, con el propósito de proteger a sus habitantes (García Novo, 2020). Ahora el COVID-19, cuyo epicentro del origen del virus fue en la ciudad de Wuhan (China), una metrópoli de 11 millones de habitantes, según la OMS; asimismo transformará los espacios urbanos.

De acuerdo a ONU-Hábitat, más de la mitad de la población mundial vive hoy en zonas urbanas. Para el año 2050, se incrementará a 6.500 millones de habitantes, dos tercios de la población mundial. Con un número de habitantes que va en aumento diariamente, las ciudades enfrentan desafíos demográficos, ambientales, económicos, sociales y espaciales, situación que se empeoró desde 2020, debido a los efectos en la salud urbana por el COVID-19 y sus consecuencias sociales, políticos y financieros, que está alterando la vida urbana en todo el planeta de una forma sin precedentes. El mundo en constante urbanización debe enfrentar la emergencia del cambio climático, mientras diseña la recuperación post pandemia; para ello las urbes tienen el potencial de crear oportunidades, trazando estrategias para abandonar la pobreza y ser actor principal del crecimiento económico.

Las ciudades en Perú no son ajenas a esta realidad. Según proyecciones del Instituto Nacional de Estadística e Informática – INEI, al 2020, la ciudad de Lima bordea los 11 millones de habitantes (el 32% de la población nacional), datos que la convierten en la ciudad más poblada del país. Ciudades como Arequipa, Trujillo, Piura y Chiclayo le siguen con poblaciones de entre 1 millón y 800 mil habitantes. Estas ciudades y el resto de ciudades capitales de provincias, son lugares densamente pobladas y en proceso activo de crecimiento, en las que la población habita, trabaja, realiza negocios y comercio transnacional. Por lo tanto, se convierten en un potencial para amplificar la pandemia a través de un incremento en el contacto humano. Esta situación se compromete más aún, cuando existen desigualdades y una alta tasa de pobreza urbana. Igualmente, estas ciudades son espacios que tienen distintos niveles de contaminación que afectan la salud de sus habitantes, con afecciones respiratorias como alergias, asma o bronquitis crónica, y que los hacen más vulnerables a quienes habitan en ellas, frente al coronavirus.

La falta de acceso a servicios esenciales como el agua y una vivienda adecuada y digna, ha exacerbado el desafío de responder eficazmente al COVID-19. Esta realidad hizo que las órdenes de confinamiento dadas en su momento, sean imposibles de cumplirlas para muchos. Según la ONU, las poblaciones que se encuentran por debajo de 1.700 m3 de agua por persona al año se sitúan en estado de escasez hídrica. En la ciudad de Lima, la disponibilidad de agua es de 125 m3 por habitante al año (ONU, 2009).

La grieta existente entre las zonas rurales y urbanas, en términos de pobreza y cobertura de servicios de salud, es notable y es cada vez más marcado. En las comunidades indígenas, cuatro de cada diez comunidades comprenden en su territorio de un establecimiento de salud (Defensoría del Pueblo, 2015). Mientras que en el año 2004 un habitante rural comparado con un habitante urbano, duplicaba aproximadamente las probabilidades de ser pobre, ya en el año 2013 esas probabilidades pasaron a triplicarse. Consecuentemente, esto genera migraciones temporales en busca del empleo urbano en sectores productivos, como en: construcción, turismo y pesquería (Oxfam, 2014: 5).

DESAFIOS URBANOS. ¿Qué ciudad queremos?

Es una oportunidad para repensar la ciudad. No existe otra opción estratégica que avanzar hacia un modelo de desarrollo urbano más sostenible. No será posible transitar hacia este modelo sin modificar la forma en que se está construyendo y gestionando los espacios urbanos. Esto evitará transitar por los caminos que condujeron a una situación en la que los efectos del COVID-19, deterioraron la vida urbana. Algunos desafíos que enfrentan las ciudades hoy:

Hacer planeación urbana y territorial

Una ciudad sin una visión de desarrollo, es una urbe que crece desordenadamente. En situaciones tan adversas como la actual crisis sanitaria, supone un alto grado de vulnerabilidad frente a la misma. Por el contrario, en el mundo urbano, aquellas ciudades que han apostado por la planificación urbana y territorial, están demostrando ser capaces de responder mejor a la crisis.

Las tareas pendientes son: Integrar la salud en los planes de desarrollo, variable que ha estado ausente en los escasos procesos de planificación de las ciudades. Integrar el binomio Campo-Ciudad para garantizar la seguridad alimentaria de las ciudades. Incluir a los pueblos indígenas y sus territorios en el desarrollo, viven excluidos de las políticas locales, existiendo dificultades para lograr entender sus necesidades y derechos, de acuerdo a su cultura y cosmovisión. Los planes urbanos y territoriales deben ser vinculantes y de carácter obligatorio, implicando muchos beneficios a la ciudad, entre ellos, garantizaría que la inversión pública sea más eficiente, con proyectos reales que la localidad exige.

Promover e implementar los acuerdos globales

Perú a través del gobierno de turno, firmó en septiembre de 2015, en la Cumbre de las Naciones Unidas, la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS); y en octubre de 2016, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III), la Nueva Agenda Urbana.

La implementación de la Nueva Agenda Urbana contribuye a la localización de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de manera integrada, y al logro de los objetivos y metas de Desarrollo Sostenible, incluido el ODS 11 de hacer que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenible.

Mayor y mejor participación e interacción social

La pandemia demostró la importancia que tiene la participación de la ciudadanía en los procesos de desarrollo, como: La solidaridad e intercambio comunitario y la sociedad civil organizada para contribuir, y estos de manera activa, sea con la participación presencial y/o a través de las redes sociales en diversas plataformas virtuales. Las ciudades pueden aprovechar este ímpetu ciudadano y promover políticas de participación activa e implicación ciudadana en el diseño de la ciudad post coronavirus.

Fortalecer el sistema de equipamiento urbano

La crisis sanitaria evidenció la necesidad que tienen las ciudades del país de disponer del equipamiento urbano adecuado, especialmente de salud y educación. Y para ello se necesita que se establezca una sólida red de dotaciones públicas organizadas en el territorio, y que proporcione la cobertura eficaz a las distintas necesidades sociales y de salubridad pública de la población.

Tener espacios públicos saludables e inclusivos

En necesario proponer cambios que contribuyan a tener espacios públicos más adecuados y espacios verdes, acrecentando la biodiversidad y alcanzando la inserción de la naturaleza con la ciudad. Además, debe revertirse la actual distribución insostenible de nuestras calles, donde aprox. el 70% del espacio público está reservado al tránsito motorizado. Una realidad que en la actualidad se hace especialmente problemática pues las dimensiones de las aceras no permiten, por ejemplo, mantener la distancia.

Impulsar la vivienda con servicios básicos adecuados

Es apremiante planificar y ejecutar inversiones públicas a gran escala, destinados a la edificación de viviendas asequibles, adecuadas y dignas, asi como del mejoramiento de los barrios urbano marginales. También hace falta invertir en proyectos a futuro, en la ampliación de la cobertura del abastecimiento adecuado de agua, electricidad y los servicios de saneamiento.

Movilidad urbana sostenible

Uno de los grandes retos de esta crisis va a ser hacer frente al sistema de transporte motorizado, con el objeto de adaptar el transporte público a los nuevos requerimientos. El asunto es dar prioridad a medios de transporte menos contaminantes y más sostenibles, al mismo tiempo que se protege la salud de la población. Y aquí conviene hacer una apuesta decidida por la peatonalización de algunas zonas puntuales de la ciudad y las infraestructuras ciclistas que permitan tener un sistema de ciclovías para este tipo de movilidad más sostenible. Siempre la clave es reducir las distancias de un lugar a otro en la ciudad.

La densidad no es nociva, el hacinamiento sí

Estudios especializados demuestran que la densidad no ha sido el factor predominante para que el coronavirus se propague en las ciudades del país, Las zonas suburbanas de baja densidad no han estado exentas del peligro de contagio. Evidentemente, el riesgo no se encuentra en la densidad – hay muchos tipos de tejidos urbanos densos que han logrado de manera efectiva, contener los niveles y números de contagios-, por lo tanto, el peligro que hace vulnerable a ciertos sectores de la ciudad frente al contagio, está en el hacinamiento y la vulnerabilidad asociada.

Si bien es cierto, esta agenda urbana existe y está pendiente desde mucho antes de la pandemia del COVID-19, sino que ahora, la actual crisis sanitaria ha magnificado estas realidades, convirtiéndola en la imperiosa necesidad de ser abordadas sin mayores postergaciones.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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